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CONFERENCIA DR. RICARDO LÓPEZ MURPHY “Mejores Políticas Públicas”

Transcripción de la conferencia del Dr Ricardo López Murphy.
  • Publicado el 12/08/2014, 11:08
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Ricardo López Murphy

Buenas noches a todos. Muchas gracias por estar aquí. Debo señalar a todos que debe ser el tercer o cuarto libro que vengo a comentar y a presentar en Santiago del Estero. A lo largo de una extensísima vida pública, la forma que yo he usado para transmitir y defender las visiones del mundo que tengo, ha sido publicada de una forma organizada. Mis artículos, mis contribuciones, y este ejemplo, una vez más siguen esa línea. Así es que estoy muy contento de hacerlo –si mi memoria no me falla- por cuarta vez en Santiago del Estero.

Este libro surge de siete cursos que hemos dado de formación de dirigentes cívicos. Nosotros creemos que la política es, en el fondo, una suerte de docencia. El rol del liderazgo es narrarnos de dónde venimos, cuáles son los dilemas que enfrentamos y fijarnos un norte. Y en ese sentido, a lo largo de mi vida pública, he tratado de orientar y hacer docencia. Es decir, explicar los problemas, analizar las alternativas y proponer un camino de solución. Lógicamente, como todas las alternativas y como todas las propuestas a futuro, son opinables. Pero forma parte este libro un nuevo esfuerzo de darle a la sociedad argentina una narrativa alternativa.

El libro tiene contribuciones de diversos autores. Justamente, recién se citó a Rosendo Fraga, que hace una prospectiva de cómo va a ser el mundo en el año 2030. Ustedes dirán: “pero, ¡qué pretensión, poder anticipar el futuro!”. Es que ese ejercicio es inevitable. Cuando uno quiere pensar cómo va a diseñar las políticas públicas, tiene que ver adónde va a querer llegar y qué desafíos va a tener que enfrentar.

Es decir, muchas de las actividades del Estado, necesitan un largo horizonte de planeamiento. Piensen –yo que he sido Ministro de Defensa- ustedes, ¿cómo diseñan el instrumento militar? No lo pueden diseñar para veinticuatro horas. Lo tienen que diseñar con una visión muy extendida en el tiempo, porque las inversiones ahí son cuantiosas. Una vez que agarró para un lado no puede cambiar para otro. Y eso requiere un esfuerzo de planeamiento, de ubicación. Adónde vamos a ir, es muy importante. Por eso hay en el libro, un esfuerzo de auscultar el futuro, las tendencias más notorias, dónde van a estar las circunstancias que van a condicionar a nuestro país.

El libro tiene un artículo introductorio de mi parte, que yo creo que es un artículo denso, pero quiero explicarlo brevemente porque me parece es un artículo importante para entender la historia Argentina, los dilemas de Europa hoy y básicamente los problemas de empleo en nuestras sociedades.

El problema de empleo en Europa del sur es un problema muy delicado. Las tasas de desempleo son muy elevadas. El problema de empleo en la Argentina también es un problema delicado. Nosotros hemos tenido desde hace varios años una falta de crecimiento del empleo privado. Tenemos mucho crecimiento en el empleo público, pero ustedes saben que esa solución es una solución que tiene un recorrido corto. Porque lo que da sustento a una sociedad y a una economía es el empleo que surge de la inversión, y que produce bienes y servicios en la actividad productiva.

Este trabajo básicamente lo que plantea para hacérselas un poco más entretenida, es una discusión de la Argentina al fin de la Convertibilidad año 2000, versus la situación de Europa en la crisis del 2010-2011.

¿Qué es lo que descubre el trabajo? Esto es muy apasionante -leerlos a esos trabajos -, porque requiere una lectura que no se los puede leer en el colectivo. Hay que sentarse y reflexionar sobre ellos. Pero básicamente, lo que dice es: los desequilibrios que tenía Argentina al fin de la Convertibilidad, eran mucho menores que los que tenía el Sur de Europa en el 2010-2011.

Básicamente, ¿por qué? Porque Argentina no tenía una gran deuda en esa época, y lo que estaba sufriendo era una crisis de carácter muy coyuntural. A la Argentina le había agarrado a fin de los años 90 una tormenta perfecta. Como ustedes se deben de acordar: la brutal caída de los precios de las commodities debido a la crisis Asiática; y el cierre de los mercados de capitales en el mundo para los países emergentes debido a la crisis rusa. Como consecuencia de la crisis de las commodities, de la crisis rusa, el derrumbe de Brasil, la gran devaluación de Enero de 1999, y la caída de las inversiones tecnológicas en el Nasdaq allá a comienzos de los 2000; que eran los títulos que tenían más correlación con los títulos argentinos.

Es decir, Argentina vivía en el año 2000 una tormenta perfecta. Una cosa que ocurre a lo mejor una vez cada cien años, pero que ocurrió en ese momento. 

Esa tormenta perfecta, todos sabíamos que se iba a corregir, y hay algo sobre lo que yo quisiera llamar la atención de ustedes, porque es muy importante para entender. Yo creo que la Argentina va a poder razonar su problema el día que entienda la crisis del fin de los 90 y comienzos del dos mil. Que fue donde para mí, perdió la brújula.

La Argentina tenía, en ese momento, un superávit estructural de largo plazo. ¿De qué manera? Recuerden ustedes que en el año 2000, el Tesoro Nacional estaba pagando simultáneamente dos regímenes previsionales. El que se estaba ahorrando en los fondos de pensión para las futuras jubilaciones, y el viejo sistema de reparto. Ése pago simultáneo de los dos, ocultaba un hecho: que el sistema tradicional de reparto estaba desapareciendo porque ingresaban muy pocos nuevos aportantes. Y aparecía, cuando uno proyectaba los números, un enorme superávit a siete, ocho años.

Cuando a mí me toca ser ministro, de aquél famoso discurso que trajo tanta controversia, una cosa que no se entendió, yo creo que con claridad, es que el esfuerzo que pedíamos era muy pequeño. Era un esfuerzo, y si Ustedes lo recuerdan bien, del 0.6% del PBI. Para tener una idea, los ajustes sugeridos en Europa fueron veinticinco veces esa corrección. ¿Por qué era tan pequeña la corrección que nosotros proponíamos? Por una razón muy sencilla. La Argentina tenía dos problemas que se corregirían en el tiempo. 

Primero, la crisis de las commodities. Todos sabíamos que habíamos llegado a un piso y que se iban a recuperar los precios. Todos sabíamos que Brasil había devaluado exageradamente e iba a corregir. Esas dos cosas son muy importantes en la Argentina. Si Brasil devalúa mucho, la Argentina sufre. Si Brasil revalúa, la Argentina disfruta cierta holgura. La situación de Brasil es muy importante para nuestro país, por el tamaño relativo que tiene Brasil frente a nuestra economía. 

La segunda cuestión, era el precio de las commodities. Básicamente, el precio de la soja. Si la soja cae mucho de precio, la Argentina la pasa muy mal. Si la soja sube de precio, la Argentina tiene holgura. Y ése es un dato muy significativo para nuestro país. 

La tercera cuestión es que enfrentábamos tasas de interés muy altas en los mercados mundiales, que era lógico que bajaran; y bajaron mucho más de lo que nunca nos habíamos imaginado. 

Entonces, la conjunción de superar las circunstancias coyunturales y el superávit estructural, le daba a la Argentina (y esto explica mucho el discurso de Marzo del 2001) una salida holgada hacia delante, si teníamos la firmeza, la convicción, la reciedumbre de resistir en ese momento la adversidad. Lamentablemente no fue así. Pero ésa es la lógica.

¿Qué es lo que pasa en Europa? En Europa, que han tenido la firmeza, la disciplina, la tenacidad que nosotros no tuvimos, tienen una situación estructural mucho más holgada que nosotros. ¿Por qué? Para hacerlo muy simple: Europa no tiene ningún problema coyuntural. No hay commodities que se le cayeron. No hay vecinos que se les derrumban. Al revés, el equivalente para Europa de Brasil para nosotros, es Alemania. Nunca estuvo más próspera. Imagínense que hasta le metió siete a Brasil en ese partido. La prosperidad tiene rasgos muy fuertes. Pero, digo, no hay una circunstancia coyuntural adversa que se va a corregir en Europa. Y peor aún, Europa vive -como todo el mundo, pero más aguda en Europa- un proceso de envejecimiento. 

Uno de los temas más complejos de las políticas públicas es el envejecimiento de la población. ¿Qué es lo que ha pasado en el mundo? Por el gran progreso en la medicina, en la alimentación, en la educación, el promedio de la humanidad ha subido sus años de educación enormemente y su expectativa de vida. Ahora, cuando usted vive muchos años, será una felicidad para usted; pero para el fisco es una tragedia. ¿Por qué? Porque la gente de mucha edad consume dos cosas que son muy costosas: consume pensiones y jubilaciones; y consume mucho gasto en salud. Por eso es que los países del Sur de Europa viven una situación fiscal muy delicada. Y es estructuralmente delicada. Al revés de lo que era nuestro caso.

El primer artículo del libro es la explicación de este problema. Es parte de la explicación del paso de López Murphy por el Ministerio de Economía. Pero es éste el debate y que es tan importante que el país entienda. Porque yo creo que en gran medida los problemas que sufrimos hoy, tienen que ver con una mala interpretación de cuáles eran nuestros dilemas, cuáles eran nuestras alternativas y cuáles eran nuestros problemas allá por el año 2000. 

Un segundo artículo importante (es muy importante para que entendamos los dilemas de la sociedad argentina), es un artículo del Profesor Sablosky, que es el Vicerrector de la Universidad del CEMA. Básicamente, se refiere a un tema que a mí me obsesiona. Que es convertir la gente que vive de los planes sociales, en gente que vaya al mercado laboral. Es decir, de vivir del vasallaje y la dependencia, pasar a ganar el pan con el sudor de la frente. Ése, es un cambio esencial en las sociedades. Pero no sólo esencial porque eso genera producción. Eso genera bienestar económico, eso genera progreso. Yo miro en este tema otra dimensión. Yo miro la dimensión ciudadana y la dimensión moral. 

Los países, para ser genuinamente democráticos, necesitan evitar la dependencia del que gobierna. El que gobierna tiene que ser un servidor. No amo y señor, o a una señora a la que servimos. O sea, que debe ser la lógica del régimen de libertades, la lógica del régimen democrático. Eso que nuestra Constitución pone en ese bellísimo artículo: “La Argentina elige la forma Republicana, Representativa y Federal”. Ése es el gran consenso que le dio el progreso a nuestra patria. Eso requiere de ciudadanos autónomos. No es autónomo el que para comer, para alimentar a su familia, está poniendo la mano porque sabe que el que le da el subsidio, el que le da el bono alimenticio, lo subordina, lo controla, lo conduce. No puede ser él, el juez de ese gobernante, como supone la Constitución. Porque él es un dependiente, él es un vasallo de quien lo alimenta. 

Entonces hay una dimensión ciudadana y hay una dimensión moral. En las sociedades, ganar el pan con el sudor de la frente, da una enorme autoestima. Ustedes imagínense una sociedad donde todos los ciudadanos ganaran el pan con el sudor de la frente. Saben qué exigente sería nuestra ciudadanía si defendieran su esfuerzo personal. Si cada vez que le cobran un impuesto, iría a ver en qué están gastando, cómo lo están usando, cómo hacen para asegurar que ese esfuerzo que yo cedo al gobierno a través de los impuestos está bien utilizado. Es ésa dimensión moral, moral de dar el ejemplo a los hijos, de ser auto suficiente, de depender del propio esfuerzo personal. Es una dimensión extraordinaria. No por nada, eso forma parte de Los Evangelios. No está por casualidad ahí. Ése valor, ése mérito de ganar el pan con el sudor de la frente, es una preocupación.

O sea, el problema del empleo - el problema de cómo la economía se adapta a las circunstancias adversas-, ha sido una segunda dimensión de este trabajo.

Una tercera dimensión muy importante para nuestro país, es cómo se inserta en el mundo. Hay varios capítulos que discuten los problemas de inserción, los problemas de nuestra política comercial. Discuten básicamente por qué la Argentina se ha aislado del mundo.

Ustedes saben que Argentina y Venezuela forman un caso. Y yo soy un docente casi incurable. Me he pasado la tarde preparando mi clase para la universidad. O sea que mientras aguardaba para la conferencia, yo para dar la clase, estudio. Tengo muchos años de docente, pero yo sigo estudiando. Porque ustedes saben que yo tengo gente que va a mis clases después de haber estado en mis clases, de haber aprobado. Porque saben que yo todos los años renuevo el esfuerzo, y en general, trato de ser entretenido. Y una de las paradojas del mundo moderno, es qué les paso a Venezuela y Argentina. Son dos países que disponen de recursos excepcionales. Qué han hecho para que dos países extraordinariamente ricos tengan los problemas que están teniendo. Esos problemas dramáticos que uno no se explica cómo han llegado a ese deterioro.

El caso de la Argentina ustedes lo conocen muy bien. Pero déjenme comentarles un poquito el caso de Venezuela. Venezuela es un país enormemente rico. Tiene trescientos mil millones de barriles de reserva. Es, más o menos, diez mil barriles por venezolano. Diez mil barriles son, más o menos, un millón doscientos mil dólares. Si ustedes le agregan el gas, le agregan el hierro, cada venezolano tiene de capital propio dos millones de dólares. Ustedes se imaginan, si teniendo dos millones de dólares, ¿debe vivir como un africano pobre? Hay que trabajar para lograr eso. Hay que hacer un esfuerzo, que yo les diría, hercúleo para lograr siendo rico volverse pobre. Si es difícil siendo pobre volverse rico, no saben lo difícil que es siendo rico volverse pobre. Pero Venezuela lo logró. Y ese impacto tremendo que ha tenido en la opinión pública mundial. ¿Cómo han hecho? ¿Cómo han hecho para que la gente se mate en las calles? ¿Para que no haya medicina? Y, como me decía el Presidente de Federalismo y Libertad, que acaba de volver de visitar la Universidad de Zulia en Venezuela, me dice: “aunque usted no lo pueda creer, Zulia es un Estado en Venezuela que es un lago de petróleo”. O sea, usted está flotando sobre un lago de petróleo. La Capital de Zulia es Maracaibo. Aunque ustedes no lo puedan creer, Maracaibo tiene una crisis energética. Eso sería como que falte arena en el Sahara. Hay que trabajar para eso, y lo  han logrado. 

Entonces ahí, en este esfuerzo de entender las políticas comerciales de Argentina, hay un esfuerzo de tratar entender qué nos pasó. ¿Qué hicimos para perder el rodeo ganadero? ¿Qué hicimos para perder las reservas petroleras? ¿Qué hicimos para tener la crisis energética que tenemos? 

Argentina es un país de una reserva energética increíble. Tenemos la segunda, la tercera reserva energética del mundo. Sin embargo, no logramos tener energía eléctrica. Ustedes vieron que todo el mundo está preocupado, cuando venga el verano no tendremos energía. Acá en Santiago es más importante que en el resto del país, porque ustedes saben que vuestro veranito no es que se pueda pasar sin asistencia eléctrica.

¿Qué nos pasó para tener ese problema energético que tiene Argentina? Es una pregunta muy importante, y es una pregunta que Daniel Montavá contesta en el libro, explicando el rol devastador del populismo en nuestra sociedad. El rol devastador del populismo.

El cuarto tema… Hay muchos temas abordados, pero yo no voy a poder mencionar todos, porque mi propósito es dejar los últimos cinco minutos para una reflexión sobre los problemas que enfrentamos hoy. Ustedes están interesados en el libro, pero siempre, como me dice uno de mis alumnos: “a mí me gusta escuchar las noticias sobre los problemas que enfrentamos hoy, explicados por usted”. Así que voy a hacer, al final, un breve comentario sobre los problemas que estamos enfrentando hoy. 

El cuarto tema del libro, que yo sugiero su lectura, es un esfuerzo muy grande para tratar de entender la calidad de los gobiernos locales. Hay un esfuerzo muy grande de explicar los problemas del federalismo y los problemas de la calidad del gasto público. La Argentina tiene un inmenso aumento de su gasto público, y es muy importante que la calidad y la eficiencia sean valiosas.

Lo que hemos desarrollado, y que les va a interesar, no es una cosa que se lee fácil. Pero si uno se esfuerza lo puede leer. Es un modelo para tratar de comprender cómo funcionan las provincias argentinas entre sí. Es decir, en lugar de comparar con un modelo abstracto, comparamos cómo es la calidad de los servicios que producen en seguridad, en salud, en educación; y presentamos esa evidencia para que genere en cada provincia un debate.

Ustedes vieron que hay dos formas de medirse, medirse respecto al pasado. Es notorio que Santiago del Estero ha tenido una mejora en su infraestructura, en sus edificios. Yo vengo hace muchos años. Ha tenido una mejora. Ahora la pregunta que uno tiene que hacerse es: ¿han utilizado todos los recursos que dispusieron de la mejor manera posible o es que hubo muchos recursos y no se usaron bien? Eso trata el libro, para dilucidarlo. No para Santiago, sino para todas las provincias argentinas. Lo cual es un esfuerzo interesante sobre indicadores de salud, de educación, de infraestructura, de seguridad.

El libro también mira un poco el tema de seguridad, que es un tema delicado. Y, por último, hay un artículo de Daniel Artana sobre la política fiscal de los últimos diez años, donde él hace una evaluación. ¿Ha valido la pena este enorme esfuerzo de ampliar el gasto o no ha valido la pena? ¿Qué era lo que queríamos lograr? ¿Qué costo hemos pagado? Y si en ese balance, es razonable lo que hemos hecho. 

Espero haber introducido el libro de manera de propiciar vuestra lectura, y de generar en ustedes la inquietud de interpretar y de ayudarnos a pensar ese problema, (que seamos la paradoja del mundo, acompañados de los venezolanos y encabezados por los venezolanos). Porque nosotros hemos desperdiciado oportunidades, pero lo de Venezuela no tiene nombre. O sea, el nivel de riqueza relativo de Venezuela es muy grande. Entonces, es difícil ser pobre con esa riqueza. Entonces, el caso nuestro es que no usamos bien los recursos que tenemos. Entonces nos metemos en líos, y ahora estamos metidos en un lío nuevamente.

Voy a cerrar mi exposición contando brevemente el lío en el que estamos.

¿Por qué estamos en un lío? Yo diría por tres razones. Primero, porque a lo largo de varios años hemos seguido una política que no termina bien. Hemos estado aumentando el gasto de una manera enorme, financiándolo con una carga impositiva extravagante sobre el sector privado. Hay pocos países que pagan los impuestos que nosotros pagamos. Nosotros tenemos impuesto a todo. Tenemos impuesto a los cheques, tenemos impuesto a la compra de dólares, tenemos impuesto a la compra de pasajes. Por suerte, no tenemos impuesto cuando respiramos.

Yo leí que había un país que había establecido que cada vez que se le caía la gorra al Rey, cobraba un impuesto. Yo decía, por suerte que nuestros políticos no leen estos libros que yo leo, porque su capacidad de inventar impuestos es extraordinaria. Y yo creo que uno de los problemas que tiene la Argentina, es que su sector privado está agobiado por impuestos. Y la idea es, que todos los días se le ocurre a todo el mundo, es cómo vamos a  hacer para subir más los impuestos. Y la Argentina no aguanta más impuestos. En particular, no aguanta un impuesto muy nocivo, que nos ha hecho mucho daño en el pasado, y en el cual estamos insistiendo gravemente en este momento: que es el impuesto inflacionario. Todos los impuestos son malos, pero el impuesto inflacionario es malísimo. ¿Por qué es malísimo? Porque genera una cantidad de perversiones e ineficiencias, y además, porque desmoraliza. La inflación desmoraliza. La inflación genera un fenómeno de pérdida de autoestima nacional. Ustedes piensen que nosotros le hemos quitado a nuestro signo monetario trece ceros. Ya estamos pensando cuándo le vamos a quitar el próximo. Y la política más importante para evitar que la inflación siga, es no aumentar la denominación del billete que tenemos.

Ustedes bien se acuerdan, que en la época de la convertibilidad, un billete de cien pesos equivalía aproximadamente a un billete de ciento veinte euros. Hoy, nuestro billete de cien pesos equivale aproximadamente, y con suerte, a ocho euros. Y vamos hacia una tasa de inflación muy alta. La inflación hace mucho daño. Daño sistemático, daño que quiebra la autoestima nacional.

Un país que ha tenido a lo largo -eso está citado en el libro-, a lo largo de cuarenta años, tasas de inflación de sesenta, setenta por ciento anual, es un país que tiene que repensar sus instituciones. Piensen que estoy llegando a ese número con los diez años de la convertibilidad con tasa cero. Piensen lo que tienen que ser los otros años. Nosotros tuvimos quince años con inflaciones de tres dígitos. De los cuales, el primero no era la unidad. Tuvimos dos hiperinflaciones. Tuvimos todo eso sin tener guerra. Los otros lo han tenido teniendo guerra, nosotros sin guerra.

Ese problema nosotros lo estamos abusando. Y vamos a una -se los voy a explicar brevemente luego-, vamos hacia un escenario muy complicado hacia Diciembre-Enero. Porque estamos preparando un gigantesco caño/ducto para emitir dinero. Y ese dinero, sin recursos internacionales, va a generar allá en Diciembre-Enero, una situación muy crítica. Más seria de la que vivimos en Enero de este año.

Este es el factor que uno diría de origen doméstico. De origen de nuestras propias políticas. De una política inconsistente que ha hecho daño, daño, daño; hasta que llega el fin de lo que podía dar. Hay que cambiar. Y los que la han llevado adelante, creen que han hecho bien. Creen que las cosas ocurren porque bajan los marcianos. No es así. Los problemas que tenemos son hechuras de nuestra propia acción.

Hay un segundo factor, un segundo factor muy importante. Durante todos estos años, disfrutamos enormemente del viento de cola. ¿Qué es el viento de cola? Es cuando usted tiene circunstancias muy favorables. Cuando usted tiene circunstancias muy favorables puede cometer muchos errores, y las circunstancias lo ayudan. O sea, nosotros crecimos estos diez años a pesar de lo que hacían los Kirchner. No gracias a lo que hacían los Kirchner. A pesar de lo que hacían, crecimos. Ahora, ese viento de cola tapaba todo. Es como si la soja estuviera hoy a ochocientos dólares. Hubiera gente que diría: “¿y por qué no reformó la Constitución? ¿Por qué no seguimos con ella?” Por qué nadie dice eso, lo que ha ocurrido, y está ocurriendo, es que el viento de cola se está convirtiendo en una suave brisa de frente. Con el viento de frente ahí, usted se puede equivocar poco. Sí se puede equivocar mucho cuando todas las circunstancias son favorables. Como decía un amigo mío, que él se equivocaba mucho porque había nacido en un hogar rico, entonces tenía margen. Pero cuando usted no nace en un hogar rico, no puede equivocarse mucho; porque sino no sale nunca de la situación en la que está.

El viento de frente no es un viento huracanado. Pero el precio de la soja está cayendo en los mercados mundiales. Brasil está entrampado en una falta de crecimiento. Entonces, les digo que el año que viene, vamos a un problema complicado. Porque la caída del precio de la soja es muy grande. Son ciento setenta, ciento sesenta dólares por tonelada. Calculen que, más o menos, con la transformación son como sesenta millones de toneladas. Ahí tenemos alrededor de diez mil millones de dólares que no van a estar. No tenemos un superávit comercial. Vamos a estar muy apretados por la soja. Vamos a estar muy apretados porque Brasil está apretado. Y vamos a estar más apretados si además seguimos bombeando dinero a más no poder.

Ustedes saben que el déficit sigue creciendo. ¿Y por qué sigue creciendo? Porque los subsidios están llegando a un nivel que van a desbordar el gasto en previsión social. Nosotros tenemos casi ocho millones de jubilados, y gastamos más en subsidios que lo que gastamos en jubilados. Ahí estamos yendo a un escenario delicado.

Ustedes saben que, cuando se vendían artículos en los trenes en el Gran Buenos Aires, después que le daban todas las virtudes de los artículos que se vendían, decían "como si esto fuera poco", y como si esto fuera poco se cruzó Griesa. Tenemos una situación compleja a nivel internacional por la cual, en términos muy sencillos, el conflicto nos impide recibir recursos de los mercados de capitales.

Yo, acompañando a los amigos alemanes, no saben el viaje que he tenido. Porque a ellos les cuesta entender que default significa una cosa en el resto del mundo, y algo diferente acá. Que la inflación se mide de una manera en el resto del mundo, y de una manera diferente acá. Y que el crecimiento se mide de una manera en el resto del mundo, y de otra manera acá. Por eso digo que una de las razones por las que yo recorro Argentina y presento el libro, es para homogeneizar la medida.

Entonces, la dificultad que estamos teniendo, sea default como digo yo que es, o sea “dificultades en concretar el pago a los tenedores de bonos”, como dice la Señora Presidente; los dos significan lo mismo. Pero en esas discusiones que nosotros tenemos sobre la semántica de las palabras, esa dificultad nos pone una traba. Una traba al acceso del financiamiento. ¿Y dónde está la clave del acceso al financiamiento? No para el Estado Federal, porque el Estado Federal no usaba financiamiento. ¿Quién usaba financiamiento, y mucho financiamiento? YPF. ¿Y por qué es importante YPF? Porque tenemos un problema energético enorme. Pero tenemos un problema energético enorme, teniendo las reservas más grandes del mundo. Es una cosa disparatada eso. ¿Qué es lo que usted necesita para convertir esas reservas en producción? Necesita inversión, necesita financiamiento. YPF estaba pensando tomar del mundo alrededor de ocho mil millones de dólares. Hay que olvidarse de eso. 

Ahí empieza cuando uno dice qué nos va a afectar la vida cotidiana. Por ejemplo, yo tengo un problema, y en la semántica nuestra: obesidad. Yo me resisto en entender mi obesidad, pero ustedes saben que yo huyo de las balanzas. Por desgracia, no hay una balanza kirchnerista que me baje de peso. Pero una forma que es inevitable, porque uno cuando se abrocha el saco sabe si está más gordo o está más delgado. Cuando el cinturón no puede ir al mismo agujero, uno sabe que la ingesta ha superado la ejercitación. Yo, normalmente cuando era más joven nadaba mucho, hacía mucho ejercicio y comía igual que ahora. Pero ahora no hago el ejercicio, y entonces no se va y se queda acá.

Entonces, ¿cómo opera el recorte del financiamiento? Opera como si el saco se empezara a estrechar, como si se fuera haciendo más chico. Imagínense que el saco, a la noche, pasara de sesenta a cincuenta y ocho, a cincuenta y seis. Yo tendría que adelgazar a toda velocidad. Y esto es muy gracioso. Cuando yo cumplí veinticinco años de casado (voy por los cuarenta), a mi suegra se le había ocurrido -con esa picardía que tienen las suegras-, mi suegra que observaba mi crecimiento abdominal sugirió por qué no hacíamos la renovación de votos usando la ropa que habíamos usado el día del casamiento. Yo tenía veinticinco kilos más. Entonces le digo: “usted sabe que yo tengo kilos de más”. Y me dice: “no, te podemos fajar”. Y le digo: “si me faja, se van las vísceras por la boca”. 

Entonces, ¿qué es lo que hace este tema? El financiamiento se va a ir estrechando. Es como si el saco se va a ir achicando. Eso se va a sentir en la vida cotidiana. No, de golpe no. Se va a ir reduciendo. Lo que YPF pensaba sacar del resto del mundo, va a haber que sacarlo de acá. Si le damos la plata a YPF, ¿cómo le damos la plata a YPF? Galluccio, cuando no consigue préstamos, sube el precio de la nafta. Ustedes vieron a la velocidad que lo sube. Imagínese, si con acceso los subió como los subió, lo que los va a subir sin acceso. Porque él necesita invertir. Porque si no invierte, no va a estar el gas y el petróleo. Si no está el gas y el petróleo, lo que han visto no es nada al lado de lo que vamos a ver. Está claro.

Entonces, uno de los candidatos a presidente, que es el Gobernador de Buenos Aires, tiene que renovar la deuda que tiene, y tiene que conseguir más para poder competir. Esa ventanilla se ha cerrado. Ustedes han visto que es el que más preocupado está, y cuando quieran ver cómo va el default, mírenle la cara a Scioli. Se le ha borrado la sonrisa. 

¿Cuál es la reflexión que el libro aborda sobre estas cosas? Obviamente fue escrito antes de esto. La reflexión que aborda es que, en estos temas hay que tratar de evitar grandes errores. Y a veces el país ha cometido grandes errores. Yo creo que una gran amiga mía, como lo es la Dra. Carrió, comete en esto un error. Cuando dice que no debemos "malvinizar" el tema de los fondos buitres. Yo digo que es una mala expresión. ¿Por qué? Porque Malvinas es una causa noble. Lo que no debemos hacer es "Galtierizar". No hacer lo que hizo Galtieri, que creía que iba a resolver sus problemas haciendo una aventura. Que era una aventura loca, porque cualquiera que sabía cómo era la disposición de fuerzas. Por más que nuestras fuerzas batallaran como batallaron. Con coraje, con patriotismo. A veces a nivel de un sacrificio increíble, como todos los aviadores de nuestra fuerza aérea. Que murieron lanzándose sobre las naves británicas. Pero su heroísmo no podía compensar una decisión estratégica equivocada, insensata. 

Mi gran preocupación hoy, es que podamos hacer otra gran insensatez. Yo escucho el clima. Ese clima los más jóvenes no lo recuerdan, pero yo lo viví. Lo viví ahí, en el centro donde se tomaban las decisiones. Ese clima, en que les decían: “vengan que les quemamos la flota”. Ustedes saben cómo terminó eso.

Hoy escucho mucha gente con afirmaciones peligrosas. Creo que no estamos apreciando el riesgo que estamos corriendo. Si uno combina los problemas que teníamos sin este tema, más este tema, es ahí donde el escenario hacia el verano se vuelve tan complejo. En el verano, vamos a tener tres problemas: vamos a tener un chorro monetario como pocas veces hemos visto, un caño-ducto ahí para cubrir el déficit fiscal; vamos a tener el precio de la soja por el piso; y vamos a tener a Brasil en proceso de ajuste, porque habrá terminado la elección brasileña y van a tener que poner la casa en orden. En esas circunstancias, agregarle este problema… A ver, ¿cómo lo voy a explicar? Es como si ustedes tienen un accidente. Quedan todos magullados y heridos. Y como terapia, se van a revolcar a un basural. La infección los mata. Si no los mató el accidente, los mata la infección. Entonces, cuando uno está en una situación tan crítica como en la que estamos nosotros, insistir en ver si nuestro barco puede convertir el iceberg que tenemos en frente en una fábrica de cubitos… Yo diría “no hagamos esa prueba”. Ya la hemos hecho varias veces. Varias veces hemos buscado tomar una decisión que no es razonable, que termina en un problema muy serio. Y yo creo que estamos frente a una circunstancia de ese grado de riesgo y de peligro para nuestro futuro.

Espero haberlos ayudado a reflexionar sobre nuestra historia, sobre nuestros dilemas, sobre nuestras políticas públicas, y sobre el delicado momento que estamos viviendo.

Muchas gracias por haber venido.

( Aplausos ).


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